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Santiago de Cuba, la ciudad de Fidel y la Cuna de la Revolución

En la ruta de Fidel está Santiago, la ciudad que lo acompañó «en los días más difíciles», en la que todos los cubanos, los de ayer y los de hoy, «tuvimos nuestro Moncada, nuestro 30 de Noviembre, nuestro Primero de Enero». Más de una treintena de generales mambises y miles de combatientes ha dado a Cuba la ciudad de Heredia, de los Maceo, «la infatigable Santiago» de Martí, que es parte indisoluble del alma de la nación.
 
La cuestión es, a decir de Fidel, que «no se trata de halagar demagógicamente a una localidad determinada, se trata, sencillamente, de que Santiago ha sido el baluarte más firme de la Revolución», aquella iniciada el 10 de octubre de 1868. Majaguabo, Mangos de Baraguá, Baire, La Mejorana y otros tantos sitios de la abrupta geografía santiaguera están ceñidos a la sangre libertaria que, de alguna manera, gritó por redención en 1898, cuando los estadounidenses negaron la entrada de los mambises a Cuba, como nombraba el pueblo de toda la Isla a Santiago hasta principios del siglo XX.
 
Durante la Revolución de los años 30, Antonio Guiteras y sus hombres planearon bombardear el Cuartel Moncada desde un avión –lo cual no se consumó– y un grupo logró tomar el cuartel de San Luis. Dos décadas después, otros jóvenes, que no podían dejar morir al Apóstol en el año de su centenario, coincidieron en que el segundo cuartel en importancia del país tenía que ser asaltado para enfrentar al tirano, quien asestó un golpe de Estado, y enterró la Constitución del 40 y cualquier esperanza de cambio. Solo la lucha armada era el camino para derrocarlo.
 
La tierra natal de Eduardo Chibás, el hombre cuya vergüenza derrotó el sucio dinero de los opresores, no dejaba, ni por un ápice, de ser consecuente con su misión histórica: la independencia plena de la Mayor de las Antillas.
 
Es por eso que Santiago fue el estandarte de la lucha clandestina, con su amado hijo Frank País a la vanguardia; se levantó en armas el 30 de noviembre de 1956 para apoyar el desembarco del yate Granma y, convirtiendo una y otra vez los reveses en victorias, envió a incontables hombres y mujeres –como Vilma Espín y Asela de los Santos– a la lucha guerrillera.
 
La guerra de liberación nacional hacia 1958 había llegado a tal punto, que provocó el efecto dominó para que cuartel tras cuartel se rindieran. El I, II y III frentes –tan santiagueros como la Sierra– se fundieron en El Tamarindo, el 22 de diciembre de 1958, para ocupar definitivamente a  Palma Soriano, el día 27, denunciar las intentonas golpistas y llamar a la huelga general revolucionaria.
 
Ese lugar en la historia lo debe, sobre todo, a su gente. Por eso Manuel Navarro Luna escribiría los hermosos versos: «¡Es Santiago de Cuba! / ¡No os asombréis de nada! / ¡Por allí anda la madre de los héroes! / ¡Por allí anda Mariana! / Allí las madres brillan  como estrellas heridas y enlutadas / Recogieron el cuerpo de sus hijos derribados por balas mercenarias,  / y, después, en la llama del entierro,  / iban cantando el himno de la Patria».
 
«AL FIN HEMOS LLEGADO A SANTIAGO»
 
Júbilo y ovaciones desbordaban a la ciudad el 1ro. de enero de 1959: los mambises habían entrado a Santiago. Fidel, ante la muchedumbre, reflexionó: «Duro y largo ha sido el camino, pero hemos llegado», a la vez que advirtió el principio que dictó, y dicta, la realidad cubana: «La Revolución empieza ahora, la Revolución no será una tarea fácil, la Revolución será una empresa dura y llena de peligros».
 
Con Fidel llegó «la hora de que al fin ustedes, nuestro pueblo, nuestro pueblo bueno y noble, nuestro pueblo que es todo entusiasmo y fe; nuestro pueblo que quiere de gratis, que confía de gratis, que premia a los hombres con cariño más allá de todo merecimiento, tendrá lo que necesita».
 
Con Fidel llegó la libertad anhelada que anunció desde el ayuntamiento santiaguero, y que convirtió a la oriental urbe en capital provisional de la República, y que tuvo, en la mambisa Universidad de Oriente, el sitio de constitución del gobierno revolucionario.
 
Años más tarde, con el Programa del Moncada cumplido –en lo fundamental–, y con el poder estatal socialista consolidado, en la noche del 1ro. de enero de 1984, en la voz de Fidel, toda la Patria reconocería a la ciudad fundada por Diego Velázquez, en 1515, como su heroína:
 
«¡A ti te otorgamos hoy el título de Héroe de la República de Cuba y la Orden Antonio Maceo, aquel insigne hijo tuyo que nos enseñó que jamás un combatiente cesa en su lucha, que jamás puede haber pactos indignos con el enemigo, que jamás nadie podrá intentar apoderarse de Cuba sin perecer en la contienda!
 
«(…) A ti te honramos especialmente hoy, y contigo a todo nuestro pueblo, que esta noche se simboliza en ti. ¡Que siempre sean ejemplo de todos los cubanos tu heroísmo, tu patriotismo y tu espíritu revolucionario! ¡Que siempre sea la consigna heroica de nuestro pueblo lo que aquí aprendimos: Patria o Muerte!
 
«¡Que siempre nos espere lo que aquí conocimos aquel glorioso Primero de Enero: la victoria!».
 
En octubre de 1991, nuevamente, Santiago de Cuba asumiría la vanguardia, al ser la sede del IV Congreso del Partido; entonces, se tomó aliento y se encauzó el porvenir con el propósito de salvar la Patria, la Revolución y el socialismo.
 
La convicción del Comandante, asumida por el pueblo, no podía ser otra que entender que «los problemas de nuestro país, como lo fue siempre a lo largo de la historia, solo los puede resolver nuestro país; los problemas de nuestro país solo los puede resolver la Revolución, por difíciles que sean».
 
Un cuarto de siglo después, el 4 de diciembre de 2016, Fidel y Cuba regresaron a la ciudad; en la Plaza de la Revolución Antonio Maceo Grajales, con el General de Ejército Raúl Castro Ruz admirado por «la impresionante reacción de los niños y jóvenes cubanos, que reafirman su disposición a ser fieles continuadores de los ideales del líder de la Revolución», determinados, como en el Moncada, en el Granma, en la lucha guerrillera, y luego del triunfo, a resistir y vencer.
 
En la Ciudad Héroe, está la permanente enseñanza de Fidel de que sí se puede, «que el hombre es capaz de sobreponerse a las más duras condiciones si no desfallece su voluntad de vencer, hace una evaluación correcta de cada situación y no renuncia a sus justos y nobles principios», como recuerda constantemente el líder de la Revolución, General de Ejército Raúl Castro Ruz.
 
Tras medio milenio de historia y una larga data de lucha, «para una definición de la ciudad», como versó Waldo Leyva, basta un reto: «Si encuentras alguna piedra / que no haya sido lanzada contra el enemigo / si descubres una calle por donde no haya pasado nunca un héroe / si desde el Tivolí no se ve el mar / si hay alguna ventana que no se haya abierto nunca a las guitarras / si no encuentras ninguna puerta abierta / puedes decir entonces que Santiago no existe».
 
Ciertamente, Santiago existe y existirá porque viven Cuba y los cubanos, una estirpe de héroes y heroínas.

Fuente: 

Periódico Granma

Fecha: 

03/01/2024