Allocutions et interventions

DISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA DE CUBA, FIDEL CASTRO RUZ, EN EL ENCUENTRO CON LA UNION NACIONAL DE ESTUDIANTES, BELO HORIZONTE, BRASIL, EL 1º. DE JULIO DE 1999.

Date: 

01/07/1999

Queridos amigas y amigos:

No tengo ni la menor idea de que el audio funcione. ¿Funciona? (Le dicen algo.) Otra duda que tengo: si mi español ustedes lo entienden (Exclamaciones), porque si no hay audio y si no puedo comunicarme con ustedes, ¿qué hago yo aquí?

Permítanme decirles una cosa: Yo no puedo pronunciar el discurso que tal vez me gustaría pronunciar. Hago mal en hablar de discurso, yo no suelo hacer discursos, yo suelo conversar con las personas a las que me dirijo (Aplausos y exclamaciones). Pero tenía que hacer un esfuerzo muy grande de imaginación para saber cómo sería el lugar, si se prestaba o no a una reflexión.

Los veo a ustedes sentados, diría que muy elegantemente, en el suelo. Me imaginé que aquí iban a poner unas sillas, me olvidé de que la Unión de Estudiantes Brasileños no tiene muchos recursos para contratar sillas. He hablado, no hace mucho, a los estudiantes venezolanos; fue en un Aula Magna, había unos 1 200 estudiantes, afuera había algunos miles —¿aquellos de qué protestan? ¿No oyen? (Risas y aplausos.)—; era un lugar distinto a este. A mí los estadios no me gustan para concentraciones y actos, pero, en fin, dejo a un lado todo lo que yo hubiera podido decirles aquí hoy para tratar de ser breve, ¿oyeron?; tengo fama de hablar extenso.

Hemos llegado tarde, no porque hubiésemos planificado la tardanza, sino por actividades que surgieron y nos impidieron estar aquí a las 3:00 de la tarde. Son ya más de las 5:00, hay un gran partido de fútbol para más desgracia, y por eso estoy obligado a ser breve.

Les envié por adelantado dos lotes de 5 000 folletos: uno que contiene el discurso pronunciado a los estudiantes de Venezuela en la Universidad Nacional, 40 años después de haber estado allí, en aquel mismo sitio, por primera vez; traté de profundizar sobre muchas cosas de nuestro hemisferio y de nuestro mundo, no necesito repetirlo, solo les pido que, cuando no tengan nada que hacer, nos hagan el honor de leerlo. Otro con un discurso pronunciado hace menos de un mes en un congreso cultural, donde participaron alrededor de 1 000 delegados, de ellos cerca de 700 extranjeros. No tengo que repetir cosas que allí dije, porque de la misma forma todos ustedes recibirán una copia de ese discurso, ¿para qué repetir?

Traía aquí algunos papeles, prácticamente no los necesito: algunos documentos, el discurso que pronuncié allí en la cumbre, uno muy breve de tres minutos y medio, y otro que duró alrededor de siete minutos, nada más. Un compañero se refirió al tema.

Ahora lo que quiero saber... (Se escuchan explosiones). ¿Son bombas o qué? ¿O preludio de una intervención de la OTAN? ¿Qué explota aquí? (Risas.) Lo que quiero saber es qué les interesa a ustedes que les diga o que les explique (Exclamaciones). Alguien que me traduzca lo que han dicho. A ver, tú, que tienes buen oído y sabes "brasileño" (Le dicen que están saludando al Comandante, que son saludos de apoyo).

Debo decir, en primer lugar, que es de suponer que ustedes tengan un millón de interrogantes sobre su país, sobre América Latina y el Caribe, y sobre el mundo. Las interrogantes sobre su país yo no puedo ni debo responderlas, porque soy aquí un invitado y un visitante que debo atenerme a la regla estricta de no emitir juicios sobre el país.

Para que puedan comprender mejor lo que digo, debo explicarles que experimenté realmente una gran satisfacción cuando supe que coincidentemente con la famosa cumbre, tendría lugar, 24 horas después, un congreso de estudiantes brasileños, donde asistirían miles de delegados de todas las universidades y que me hacían el inmenso honor de invitarme a participar, aunque fuesen unos minutos. Desde el primer momento sentí deseos, alegría, orgullo, esperanzas, al conocer ese interés de ustedes (Aplausos), y estaba decidido a hacer lo posible por venir.

Pero vean qué dos eventos: uno que reunía a 48 jefes de Estado o de Gobierno, un tercio, más o menos, latinoamericanos; un tercio, más o menos, europeos —no digo más o menos europeos, sino, más o menos, un tercio de los que estaban allí—, y un número similar de jefes de gobiernos caribeños. Por primera vez una gran cosa, que caribeños y latinoamericanos se reunieran, porque los caribeños suelen ser olvidados; fueron los últimos en acceder a la independencia. Cuando la revolución triunfó en Cuba, casi ninguno de ellos era independiente; en los últimos 30 ó 40 años es que uno por uno fue adquiriendo el carácter de país independiente.

Cuando América Latina había roto sus vínculos con Cuba, y nos quedamos absolutamente solos y nos expulsaron de la OEA, algo que no se sabe cuánto les agradeceremos siempre (Aplausos), los caribeños no pertenecían entonces a la OEA, puesto que no existían como Estados independientes. Después fueron ellos, ya como países libres, los que dieron la batalla, junto a los panameños, dirigidos por Torrijos, para romper el aislamiento de Cuba. Y así, poco a poco, se fueron restableciendo las relaciones entre Cuba y el resto de América Latina, con algunas excepciones; excepciones que, de una forma o de otra, tienen o bien una oficina de intereses o determinados vínculos con Cuba.

Los caribeños son hoy, como Estados independientes, los más cercanos y firmes amigos de Cuba (Aplausos), es por ello que nos alegramos de una cumbre en que estuvieran ellos. Sí, ha habido otras, dos: unas llamadas Cumbre de las Américas, donde nosotros no somos invitados, porque, al parecer, somos habitantes de la Luna; en esta sí lo fuimos.

Anteriormente, México nos había invitado a una cumbre latinoamericana que por primera vez tuvo lugar sin la presencia de Estados Unidos. Se mantuvieron firmes los mexicanos a las presiones y le dieron un asientico a la cenicienta del hemisferio, que es Cuba. Desde entonces, hemos estado allí.

Esta vez significó la oportunidad de estar caribeños, latinoamericanos y Europa —no toda Europa—, los 15 miembros de la Unión Europea. Era, sin duda, una reunión muy importante, porque existen contradicciones incuestionables entre los intereses europeos y los intereses de Estados Unidos.

Estados Unidos desea tragarse enterita a la América Latina y al Caribe, a través del llamado ALCA, Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. Cuba, como ya les dije, ¡fuera!, pese a una oposición fuerte de los caribeños y alguna resistencia, más o menos firme, de algunos países latinoamericanos.

Mi opinión es que esta constituía una reunión importante, por el hecho de que aquellos europeos que quieren ser también independientes, se reunían con los que queremos ser independientes en América Latina y en el Caribe.

Alguien dijo aquí —creo que fue este jovencito inteligente y entusiasta— algunas cosas críticas sobre la reunión, y con cualquier crítica estaría de acuerdo, porque yo hice críticas bastante duras, no contra la reunión, sino contra determinados conceptos y acontecimientos que están teniendo lugar en el mundo.

El punto que él señala sobre la Helms-Burton tiene su historia. Nuestra delegación, en análisis e intercambios con los latinoamericanos, había logrado un párrafo —y un párrafo que, curiosamente, fue aceptado por los europeos— donde decían que se oponían a toda ley o acción extraterritorial, especialmente o, más o menos, como la Ley Helms-Burton. Pero esos documentos de las cumbres son cosas laboriosas, sobre todo cuando hay intereses encontrados, y había muchos. Por ejemplo, los europeos se oponían, de forma cerrada y unánime, a cualquier referencia en defensa de la Carta de las Naciones Unidas, a cualquier referencia condenatoria de la intervención en otros países, a cualquier referencia relativa a la defensa de la soberanía nacional; bueno, soberanía nacional, derecho de no intervención, autodeterminación, en fin, un párrafo que contenía los que fueron y son hoy todavía, y quizás hoy más que nunca, derechos sagrados, vitales y no negociables, para la inmensa mayoría del mundo (Aplausos).

Nos preocupaba, nosotros salimos de Cuba el domingo, la conferencia de cancilleres comenzaba el domingo, el lunes la cumbre. Aquello se discutía en las llamadas reuniones de expertos, y allí se pusieron de acuerdo en algunas cosas: la cuestión de la demanda de varios países latinoamericanos de un párrafo en que —son dos cosas distintas pero muy asociadas— la referencia a la Ley Helms-Burton se mantuviera. Allí nuestro experto, que es el viceministro de relaciones exteriores, luchó duro para que se mantuviera aquella referencia, con nombre y apellidos, a esa ley; pero a la vez estaba pendiente la reclamación justísima de otros países de que la línea y media aquella no se refiriera solo a la Helms-Burton, porque el párrafo decía más o menos textualmente "extraterritorialidad en leyes de aspecto comercial, como la Helms-Burton".

Esa noche no llegaron a ponerse de acuerdo totalmente. Por la mañana del domingo apareció una formulación: los europeos aceptaban una línea y media sobre el tema, un concepto más amplio; es decir, contra toda forma de extraterritorialidad, aunque aprovechaban y quitaban la referencia específica a la Ley Helms-Burton. Bien, quedó pendiente para el domingo. El sábado a las doce menos cuarto de la noche nos informa desde Río, nuestro Canciller, que Europa había aceptado el párrafo donde se planteaba de manera clara lo siguiente:

"Esta asociación estratégica se sustenta en el pleno respeto al derecho internacional y en los propósitos y principios contenidos en la Carta de las Naciones Unidas, los principios de la no intervención, el respeto a la soberanía, la igualdad entre Estados y la autodeterminación."

Quedaba pendiente simplemente si el nombre y el título de la Helms-Burton aparecía. Lo analizamos, porque venía la reunión de cancilleres, y sobre eso no se pusieron de acuerdo; cuando llegamos nosotros les dijimos a nuestros representantes: "Haber alcanzado este párrafo, en este momento, sobre no intervención, soberanía, etcétera, etcétera, es un gran éxito, al lado del cual mencionar o no a los señores Helms y Burton no tiene importancia, sobre todo, cuando en esa línea y media se rechaza toda pretensión de extraterritorialidad." Y les dije: "Olvídense de esos dos señores, que no son dignos de aparecer en un documento como este, están ya suficientemente desprestigiados; no vamos a iniciar la reunión cumbre, donde hay tantas cosas que discutir, por la cuestión del puntico en que solo se discute si aparece o no el nombre de esos señores."

Algunos cables han dicho que Cuba estaba derrotada, amargada, no sé cuántas cosas más, y es todo lo contrario, estábamos felices porque el punto clave, el punto estratégico era el párrafo que los europeos no querían incluir bajo ningún concepto, relacionado con la no intervención, con el respeto a la soberanía, etcétera. Esa es la historia con relación a ese punto.

Las posiciones de Cuba han salido fortalecidas, se lo digo sinceramente. Muchos de los puntos que se incluyeron fueron iniciativas de Cuba y recibieron apoyo de unos cuantos países latinoamericanos, porque no son pocos los países latinoamericanos muy sensibles a la idea del derecho de la OTAN y Estados Unidos a lanzar bombas y misiles en cualquier momento, cualquier día, con cualquier pretexto, sobre las ciudades, las industrias y, lo que es peor, los ciudadanos, la población del país (Aplausos).

Tengan la seguridad de que nuestros ilustrísimos vecinos del Norte no querían esta reunión, ni están muy felices con la reunión y los resultados de la reunión, aunque estos estén muy lejos de satisfacer todas nuestras esperanzas. Y, en este caso, yo diría que las nuestras fueron satisfechas, porque estábamos conscientes de que no se podía esperar más de una reunión con esas características. Pero comprendo que millones y millones de personas, con grandes y justas inquietudes, se puedan sentir no satisfechas con un documento de esa naturaleza, que, a mi juicio, debe ser un primer paso.

Por lo pronto, nosotros aprovechamos para discutir con un numeroso grupo de dirigentes europeos, y tuve que atreverme a realizar una intervención, que podríamos calificar de una intervención difícil, dura y, de cierta forma, audaz, porque sencillamente dejé caer una pequeña bombita de profundidad, y abordé dos o tres puntos sensibles. Dicen que allí el aire se podía cortar con un sable; impresión de sangre helada percibí cuando terminé. Y algo más: el Presidente de Brasil, que estaba presidiendo la reunión en ese momento —ya que había tres presidentes, se turnaban—, después de mis palabras —que fueron casi al final de esa sesión, cuando yo, después de meditarlo bien, decidí que era mi deber plantear aquello, para lo cual no tenía más que cuatro minutos—, inmediatamente dijo: "Este punto, importante, delicado, debemos discutirlo en la reunión privada de los jefes de delegación", reuniones que tienen lugar en estas cumbres, donde no participan todas las delegaciones, sino los jefes de Estado y de Gobierno para hablar con más amplitud sobre cualquier tema. Lo dijo tan pronto yo terminé de hablar; lo reiteró en el momento final de la reunión, antes de iniciar la sesión privada. Había allí 15 dirigentes europeos, 11 de ellos miembros de la OTAN.

¿Y qué había hecho yo? Puesto que hubo una declaración y puesto que había habido una solemne conmemoración en Washington el 24 de abril pasado, un mes después de iniciada la carnicería y el genocidio de Yugoslavia, Declaración de Principios de la OTAN, con una aparente euforia que no tenía ninguna base, porque creyeron que las bombitas durarían tres días, y los menos optimistas creían que durarían cinco, y, sin embargo, al cabo de un mes el pueblo serbio resistía... Y fíjense bien, cuando hablo del pueblo serbio, hablo de millones de hombres y mujeres, niños y ancianos, pero especialmente niños, mujeres embarazadas, civiles inocentes de cualquier cosa, como no fuese el crimen de su capacidad para el martirio, el valor de morir y la disposición a entonar, como ustedes, himnos patrióticos o canciones alegres mientras protegían con sus cuerpos los puentes, que ya venían a ser vitales, que unían la ciudad capital en dos partes.

Nosotros teníamos tres diplomáticos, tres compañeros nuestros, con un telefonito de esos, que todos los días se comunicaban con nuestro país, y yo, por ejemplo, les hacía una sola pregunta: ¿Cuál es el estado de ánimo de la población bajo los bombardeos? Me asombraba de la respuesta: "Siguen dando su concierto a tal hora, todos los días, donde participan miles de personas; el pueblo mantiene una moral altísima." Y en quienes pensábamos nosotros no era en los gobiernos, porque ni podemos certificar ni podemos negar las imputaciones que se le hacen al gobierno de Yugoslavia: los problemas de las limpiezas étnicas que han tenido lugar, de parte y parte, desde que Europa, irresponsablemente, desarticuló a Yugoslavia, donde aquellos pueblos, durante 45 años, a pesar de sus diferencias nacionales, religiosas, culturales y étnicas, habían vivido en paz.

Cuando Occidente, y en primer lugar Europa, desintegró a Yugoslavia, comenzaron las guerras y las matanzas mutuas entre los pueblos que habían constituido aquella Yugoslavia que durante casi medio siglo vivió en paz (Aplausos).

Como les he dicho a algunos dirigentes europeos, ninguna limpieza étnica, ningún crimen justifica el genocidio contra un pueblo de millones de personas inocentes (Aplausos y exclamaciones), y es por eso que exigíamos una solución política del problema. Cualquier día podrían ser publicados determinados mensajes, enviados a diversos puntos, en los que, desde los primeros momentos, analizábamos el error colosal que estaban cometiendo y casi con toda exactitud lo que iba a pasar, y que efectivamente pasó hasta el día en que poderosísimas presiones obligaron al gobierno de ese país a aceptar las condiciones de la OTAN, bajo el rubro hipócrita de una solución política que consistió en acceder a todas las demandas de los atacantes.

Las presiones no excusan las decisiones de los gobiernos, ¡no las excusan!; porque les puedo asegurar que si se hubiese tratado de Cuba, país que lleva muchos años siempre bajo el peligro de cosas como esas y aun peores, ha estado decidida a resistir y ha resistido 40 años. Y si un día un diluvio de bombas cayera sobre nuestra pequeña isla, tengo la seguridad de que el comportamiento de nuestro pueblo sería tan heroico como lo fue el comportamiento de los serbios (Aplausos), y que, desde luego, como dijimos recientemente, no necesitaríamos mediadores, porque únicamente los recibiríamos cuando los atacantes enviaran un mensaje para reconocer su derrota y para anunciar su retirada del país o el cese de los ataques (Aplausos).

Un gobierno puede aceptar o no a presiones; nosotros nos sabemos de memoria lo que harían los dirigentes de nuestro país, si un día no pudiésemos soportar el dolor de ver cuánto se destruye o el dolor de ver cuánto se sacrifica, aunque pensamos que nada hay más sagrado que la libertad, que nada hay más sagrado que la dignidad. ¿Qué es un hombre o una mujer sin dignidad? ¿Qué es un hombre o una mujer sin libertad, sin patria, sin la disposición de darlo todo? Y así lo ha hecho más de un pueblo en la historia, antes que plegar las banderas, antes que acceder a las exigencias de los brutales agresores; porque en ese caso siempre hay un remedio sencillo y fácil, que es ir allí y ponerse debajo de las bombas que están cayendo, para morir bajo las bombas. Es la única alternativa que, a partir de nuestras concepciones y nuestros valores, correspondería a aquellos dirigentes que hayan adoptado la decisión de luchar a cualquier precio.

Realmente, los serbios no podían perder más de lo que habían perdido, no podían sufrir más destrucción que la que habían sufrido. No tenían ya nada que perder. Estoy simplemente expresando un punto de vista, y no criticamos a nadie.

Más de una vez en nuestras vidas han llegado revolucionarios a plantearnos: "Hay una posibilidad de paz, tenemos esta alternativa u otra"; siempre les he respondido —en determinadas circunstancias, sobre todo, después que se produjo el derrumbe del campo socialista—: "Son ustedes los que deben decidir." Uno no le puede aconsejar jamás a nadie que negocie o muera; sólo uno se puede aconsejar a sí mismo que debe morir. "Respetamos la decisión que ustedes tomen; nosotros sabríamos, sin la menor duda, qué es lo que haríamos en una circunstancia como esa." Es cuestión de filosofía, es cuestión de conceptos. Por eso el tema era de una gran importancia.

Entonces yo, ese día de la Cumbre, en dos hojas, planteaba —y no lo voy a leer— cuatro puntos y tres interrogantes; cuatro puntos escogidos entre 16 que habíamos seleccionado de la declaración de la OTAN del 24 de abril, donde proclamaba el derecho a la intervención global, y tres interrogantes simplemente, pero una de ellas se refería a la declaración que hizo aquí la Unión Europea sobre soberanía, etcétera, etcétera, y les pregunto —y es la única que voy a leer—: "¿Significa esto que Estados Unidos se compromete también a respetar los principios contenidos en este acuerdo de sus aliados? ¿Cuál será la actitud de Europa si Estados Unidos decide por su propia cuenta comenzar a lanzar bombas y misiles con cualquier pretexto contra cualquiera de los países de América Latina y el Caribe aquí reunidos?"

Era una pregunta —no sé si sería la de los 64 000, como se dice por ahí—, pero había dos más por el estilo, y donde por primera vez planteamos el problema de la proliferación de armas nucleares apoyada por Estados Unidos, tolerada y mantenida en silencio, en extraño y hermético silencio durante años, con relación a un país que en el Medio Oriente posee alrededor de 300 armas nucleares. Y como esa es una de las causales por las cuales, según la OTAN y su nuevo concepto, podría llevar a cabo una intervención armada; les preguntaba si acaso cualquier día iban a lanzar miles de bombas, sobre aquel país y sus ciudades, sobre aquel país y sus poblaciones de distintas etnias; si era acaso civilizado buscar fórmulas de ese tipo para resolver el problema, y, desde luego, planteando con toda energía que sería criminal que, como consecuencia de esa proliferación apoyada por ellos, un día intentasen cometer un genocidio contra los hombres y mujeres, niños y ancianos que habitan ese país.

No digo más, no voy a mencionar nombres. Tres preguntas, ninguna de las cuales recibió la más mínima respuesta.

En aquella reunión en privado, ni siquiera allí algunos de los representantes de Europa levantó la mano para decir: "Quiero responder a las interrogantes presentadas por el dirigente de Cuba." Ni uno.

Yo tenía ya un arsenal de más papeles. Guardé respetuoso silencio y esperé, durante toda la reunión, a que alguien hablara de los temas sobre los cuales, quien presidió la reunión en ese momento, pidió dos veces una respuesta. Esto se llama tres preguntas sin respuestas.

Debo añadirles, compañeras y compañeros, que hay en el mundo unas cuantas preguntas sin respuestas. Hay, por ejemplo, el holocausto serbio que tuvo lugar desde que los nazis invadieron Yugoslavia; campos de concentración como los de Dachau y Oswiecim, donde unidos a otros campos y formas de muerte, 675 000 serbios, hombres, mujeres y niños, fueron sencillamente exterminados y sobre lo cual Occidente no ha dicho una palabra.

Si buscamos verdades, a ustedes, cualesquiera que sean sus filosofías políticas, sus pertenencias a determinados partidos, les digo que hay unas cuantas preguntas y hay unas cuantas respuestas que son necesarias esclarecer aunque sea para desenmascarar hipócritas, para destruir hipocresías y para que el mundo tome conciencia de las realidades de hoy, que serán nuestras armas para alcanzar ese mundo al que ustedes aspiran.

Escuché aquí hablar de Brasil y de la unión de los brasileños para alcanzar la patria brasileña con la que sueñan, y digo que estos no son tiempos de pensar en la propia patria; hay que pensar en términos de la patria latinoamericana y caribeña (Aplausos), esa que está representada aquí también a través de la OCLAE.

Están llegando los tiempos de pensar en la patria mundial; están llegando los tiempos de pensar en el mundo, porque este mundo inexorablemente se ha globalizado bajo la filosofía del más triste y cruel de los conceptos o de las concepciones, que es un mundo globalizado bajo la égida de una superpotencia única y en pro de un mundo unipolar, no para salvarlo, sino para destruirlo (Aplausos); no para traer la justicia que necesitamos todos, sino para esclavizarnos más todavía si es posible, para saquearnos más todavía si fuera probable, para humillarnos más aún, para destruir nuestros sueños que son indestructibles (Aplausos), para destruir nuestras culturas que debemos preservar y multiplicar, porque unión no significa el fin de las culturas. Unión, integración y justicia significa la posibilidad de preservar todo lo que amamos. Cultura, patria que nunca dejaría de existir, aunque lleguemos al máximo de unión y desintegración.

Soñamos con un mundo que no esté regido por una falsa monocultura universal (Aplausos), sino con un mundo donde subsistan y se desarrollen todas las culturas; un mundo donde subsistan y se desarrollen todos los idiomas, aunque inventemos algunos, o utilicemos algunos, o confisquemos algunos si hace falta, porque un idioma puede estar al servicio de una buena o una mala causa. Por ejemplo, el inglés, idioma nacional del superimperio, está hoy al servicio de una mala causa; pero el idioma inglés, como el español, como el francés, como cualquier otro de los más comúnmente hablados, puede utilizarse al servicio de una buena causa.

Por ejemplo, Carlos Marx hablaba alemán; pero no lo utilizó para los mismos fines que Adolfo Hitler, lo usó para un mundo justo, fraternal y humano. Y muchos norteamericanos usan el inglés para defender causas justas.

Bien, ¡que sobrevivan todos los idiomas! En los últimos años se han perdido 2 000 ya, de unos 6 000 ó 7 000 con que contaba el mundo, y en los próximos 20 años se calcula que se perderán otros 2 000; y cuando un dialecto se pierde, la riqueza espiritual humana pierde, la historia pierde, nuestra historia de seres humanos, nuestra historia de cómo nos convertimos de animales en hombres, aun cuando pienso que muchos animales que no han conocido ni la esclavitud, ni el capitalismo, ni la explotación del animal por el animal, se comportan muchas veces mejor que los hombres (Aplausos).

Todos esos elementos forman parte de nuestra historia, de nuestra civilización, y sobre ellos tendremos que edificar nuestra cultura el día que esta globalización neoliberal e insostenible se hunda, y se hundirá, recordando aquellas palabras de Salvador Allende, más temprano que tarde (Aplausos).

Las condiciones existentes hoy en el mundo hacen insostenible este orden infame que estamos soportando y, por tanto, en nuestro criterio, la tarea número uno es sembrar ideas, sembrar conciencia, para que cuando ese mundo se derrumbe la humanidad esté mejor preparada para construir sobre sus ruinas un mundo mejor, una globalización más humana.

No fue solo Marx quien soñó con una globalización, quizás fue el primero que concibió un mundo desarrollado, donde las fuerzas productivas desarrolladas fuesen capaces de producir los bienes materiales y espirituales que el hombre necesita y que no consisten, precisamente, en un cambio de automóvil todos los años, ni en tres palacios, cinco, o diez, ni en un hombre con 90 000 millones de dólares en el país que se considera modelo y ejemplo de democracia, viviendo tal vez a pocos kilómetros del puente bajo el cual duermen, envueltos en papeles, los numerosos indigentes que todavía existen en ese país (Aplausos).

Llámese justicia, llámese libertad y llámese derechos humanos donde existe igualdad, respeto para todos, cultura para todos, porque sin cultura no se puede ser libre, sin cultura no se puede ser ni siquiera demócrata (Aplausos).

¿De qué democracia están hablando allí donde millones y millones de personas no saben ni siquiera leer ni escribir, donde millones de niños mueren porque en su momento carecieron de una vacuna o unas sales de rehidratación oral que cuestan centavos? ¿De qué derechos humanos van a hablar aquellos cuyo sistema mata a decenas de millones todos los años de hambre, de pobreza y de falta de alimentos, medicamentos, alojamiento, ropa, zapatos? Mueren, repito, por decenas de millones cada año.

Hay algunos que combaten honestamente las sanciones equivalentes a la pena capital, aunque se trate de crímenes monstruosos que desgraciadamente existen; aunque se trate de repugnantes violaciones de niñas o de niños de cinco, seis o siete años, por parte, incluso, de personas que tienen responsabilidades con esos niños.

Nuestro país está entre los 129 países donde el castigo de la pena capital todavía existe. Se dice que hemos endurecido nuestro código, porque dos delitos que ocasionan gran daño social y humano los hemos sancionado más fuertemente, con más años de prisión o con cadena perpetua, como un paso intermedio, o casos intolerables y asquerosamente graves —y cuando digo casos intolerables y asquerosamente graves no estoy hablando con relación a los gobiernos, sino intolerables y asquerosamente graves para el pueblo que se llena de terror cuando tiene conocimiento de que algunos de esos crímenes monstruosos se cometen— los hemos sancionado con penas más severas, porque en nuestro país, en condiciones de período especial, doblemente bloqueado y con nuevas leyes de bloqueo, entre las cuales la Helms-Burton es una más y todos los días incluyen enmiendas que arrecian el bloqueo y sus consecuencias, no hay alternativa.

En nuestro país entran y salen con más libertad millones de personas, sin visas muchas de ellas, porque el turismo es hoy necesidad imprescindible de nuestra economía, pero no un turismo de juego y de casinos, ni un turismo de prostíbulos; no lo aceptamos ni estamos dispuestos a tolerarlo, porque todo el oro del mundo vale menos que la dignidad de una mujer y, más aún, que la dignidad de una adolescente (Aplausos). La venta de menores a extranjeros para prácticas sexuales o la extracción de órganos vitales se castiga severamente. La grotesca y repugnante violación de niñas o niños con circunstancias agravantes no es admisible.

El tráfico de drogas en gran escala también está sancionado con la pena capital. Son los dos casos, porque hay más libertad de moverse, algunas inversiones extranjeras —las imprescindibles—, algunas empresas mixtas, y no ha faltado quienes intentaran utilizar algunas de esas empresas para recibir contenedores de materias primas y reembarcarlos cargados de los productos de esas pequeñas industrias, llevando en sus paredes cantidades considerables de drogas. Y hemos dicho: ¡No!, el país no puede permitir ese ultraje. Y en esas condiciones, que no son las de Europa o las de muchos países de Europa, nosotros tenemos el deber elemental de defender a nuestro pueblo.

Más que a muchos de los que combaten la pena capital, nos repugna a nosotros la pena capital. Sí, lo digo así, nos repugna, nos duele terriblemente que la pobreza, la falta de educación, la marginalidad y otros fenómenos del mundo en que vivimos conduzcan a determinados seres humanos a cometer hechos monstruosos.

Les he dicho a algunas personas, muchas de ellas son amigas nuestras, que por convicciones religiosas o filosofías, y respeto sus principios y sus ideas, no aceptan la pena capital; y a otros que no la aceptan y la combaten, incluso, para levantar una banderita de humanismo, y esos son algunos muy ricos, extraordinariamente ricos, a quienes les digo: Nos duelen cosas que ocurren, nos duelen las penas capitales, pero las penas capitales tienen dos causas: algunos cientos o algunos miles al año, a quienes se les aplica en virtud de leyes que sancionan delitos con esas penas; pero no esperemos que el mundo haya cambiado tanto que no quede un solo país con pena capital en sus leyes; no esperemos tanto para salvar millones de vidas, porque hay otra causa terrible de la pena de muerte, y son aquellos millones —como ya dije—, decenas de millones, condenados a muerte todos los años, y en su mayoría niños, por el sistema social que ustedes disfrutan y que ustedes defienden (Aplausos).

Como dije también allí en la cumbre: "Defenderemos la soberanía como algo sagrado mientras haya unos muy poderosos y otros muy débiles; mientras todos no estén dispuestos a renunciar a ella en aras de una soberanía universal." Y de inmediato, una pregunta: "Partiendo de que no hay razas superiores ni inferiores, ¿por qué somos pobres y subdesarrollados los países de América Latina y del Caribe? ¿Quiénes fueron los culpables? Tal vez los Niños Héroes de Chapultepec, los indios exterminados por millones en este hemisferio y los esclavos que murieron encadenados a lo largo de siglos, puedan responder a esas preguntas" (Aplausos).

Y por eso les decía: Conocemos cuántos niños mueren en cada lugar de este hemisferio, en cada lugar de Africa y en cada lugar del mundo. Es duro pensar que mientras aquellos países desarrollados y ricos —que construyeron sus riquezas con nuestros recursos naturales y, lo que es peor, con la sangre de los pueblos que moraban en estos espacios, con el sudor y la sangre de nuestros países— permanecen en un bochornoso desarrollo, haya entre los nuestros países donde la mortalidad infantil de 0 a 5 años se eleve a 200 por cada 1 000 nacidos vivos.

Como conocemos de países muy ricos donde la mortalidad infantil es de 6 por 1 000, duele mucho pensar que a las puertas del siglo que se aproxima, haya países donde mueran 40 niños por cada 1 de los que mueren en esos países desarrollados. Y por nuestra experiencia, por nuestra solidaridad con el Tercer Mundo, donde han trabajado 26 000 médicos a lo largo de los últimos 30 ó 40 años, sabemos qué cuesta salvar un niño y cómo se salva un niño, y les hemos dicho: Si ustedes suministran los medicamentos mínimos y baratos que hacen falta, nosotros estamos dispuestos a enviar miles de médicos, como ya los estamos enviando, a Centroamérica, a Haití, a Africa.

Hemos seleccionado un grupo de los países de más alta mortalidad infantil del Africa Sudsahariana y les hemos ofrecido hasta 3 000 médicos, médicos que tienen un concepto humanitario de lo que es la medicina, médicos que van a los lugares más apartados con estoicismo ejemplar, con espíritu de mártires, verdaderamente, porque han sido educados en esa conciencia. Y les hemos dicho: No esperemos que cese de morir un ser humano a causa de una ley y de un tribunal, para salvar desde ya, desde ahora mismo, millones de niños y millones de personas que puedan salvarse cada año. Y les hemos dicho: Si nosotros de cada tres médicos sacamos uno para cumplir misiones de ese carácter, los otros dos harían el trabajo del tercero y seguiríamos siendo el país con el más alto índice de médicos per cápita en todo el mundo, incluyendo los países superdesarrollados (Aplausos).

Un compañero habló, el uruguayo precisamente, de la Escuela Latinoamericana de Medicina que acabamos de fundar en cuestión de semanas prácticamente, después de los huracanes que azotaron, primero, a Santo Domingo y Haití, y después el monstruoso huracán que azotó Centroamérica. No solo les ofrecimos los médicos necesarios para marchar a los más difíciles lugares, donde no va ningún médico, sino una escuela de formación de médicos. Tiene ya 1 800 estudiantes y tendrá alrededor de 3 000 el próximo año. Mas no es nuestra única capacidad, es para cursar los dos primeros años, que son los más difíciles, porque después tienen que ir al resto de las facultades, y tenemos 21 facultades de medicina; porque tienen que empezar a trabajar en los hospitales, ya que nuestra formación de médicos no es simplemente teórica, sino también práctica.

Cada médico de esos se convierte en formador de enfermeras; con sus textos allá en sus países, basta con que tengan 6to grado y cada uno de ellos puede formar dos o tres y multiplicar el número de enfermeras, que no tienen que salir necesariamente graduadas de las universidades, como es hoy en nuestro país, porque son fórmulas para resolver problemas de inmediato.

¡Qué casualidad cuando él hablaba de que había estudiantes latinoamericanos! Y, efectivamente, en este momento hay un número elevado de centroamericanos, porque les ofrecimos 500 becas por año, a la vez les ofrecimos becas a casi todos los países latinoamericanos.

Para algunos es importante; en un pequeño país como Bolivia, 70 becas por año es algo; en un país pequeño como Honduras, 300 becas es más; o Guatemala, o Nicaragua, o Haití, de donde hemos recibido ya 120 estudiantes becarios. Hay otros países, han venido de Ecuador; ha venido, incluso, de Argentina, de Chile, de Brasil.

¿Qué hicimos con Brasil, un país gigante? ¿Qué valor tendrían 60, 70 becas? Les pedimos a amigos brasileños que escogieran estudiantes, dos o tres de cada uno de los estados. No es porque Brasil lo necesite, sino porque la escuela lo necesita; porque queremos que esa escuela sea una hermandad de todos los latinoamericanos, que de esa escuela salga una doctrina de lo que debe ser la salud humana (Aplausos) y de lo que debe ser el médico.

Me di cuenta en un determinado momento de que, pensando que algunos países tienen ya bastante buen nivel de médicos, no los incluimos —y entre ellos estaba Uruguay—, enseguida les pedí: ¿Ustedes los jóvenes estudiantes y los grupos de solidaridad, podrían escoger aunque sea 50 estudiantes para enviarlos a Cuba? No porque ellos lo necesiten tanto, tal vez no lo necesitan ni siquiera nada, no es un país de selvas, de lugares apartados, casi todo el mundo vive en la capital, y nosotros sabemos que los problemas no están en la capital. No les estoy ofreciendo médicos, les estoy rogando, se lo ruego a la OCLAE, que nos ayude, para que no falten alumnos de un solo país, para que estén enarboladas todas las banderas en esa escuela.

No se trata de que estemos creando una capacidad de 3 000; dentro de cuatro años habrá 6 000 estudiantes latinoamericanos estudiando en Cuba, para servir a la salud y a la vida del hombre, como un pastor, un misionero, un sacerdote.

Nuestro país es pobre, bloqueado cada vez más y habiendo perdido de repente nuestro mercado de azúcar y de otros productos, nuestro suministro de combustible, créditos y todo lo demás, hemos resistido 10 años después de tan duro golpe, y seguiremos resistiendo, y enriquecemos nuestro capital humano año por año, ¡es lo que tenemos!; pero porque tenemos eso podemos decir lo que ese país inmensamente rico, cuyo Producto Interno Bruto anualmente alcanza a casi 10 millones de millones de dólares, unas seiscientas veces en total más que la pequeña Cuba, no puede decir. Estoy seguro de que si solicita voluntarios para ir allí donde están nuestros médicos en Centroamérica, en Haití o en Africa, no reúne 2 000. Me atrevería aún más y diría que unidos Estados Unidos y Europa, donde hay mucha gente buena, no puede negarse, pero cuya vida es tan diferente de la vida de aquellos que viven sin luz eléctrica, sin medicina, sin médicos, que no tienen una computadora, tres televisores, un automóvil, una gran mansión, y que compran en los supermercados a través de Internet, sin molestarse siquiera en salir a la calle, no consiguen 2 000 voluntarios. Si estoy equivocado, me sentiría feliz, y si pudieran reunir 10 000, también, mucho más feliz, y si pudieran reunir 20 000, desde ahora los estaría invitando a que envíen esos 20 000 voluntarios y los medicamentos indispensables, que nosotros les podríamos informar de forma casi matemáticamente exacta cuántas vidas salvan cada año, ¡cuántas vidas salvan cada año!

Les podríamos decir más: Si tienen tal capacidad de humanismo, unámonos con otros países, que Cuba sabe los que puede enviar, y si ellos pueden reunir 6 000, 6 000 tenemos ya ofrecidos nosotros; si pueden ofrecer 10 000, no tienen más que enterarse nuestros médicos, enfermeras y técnicos en Cuba y en menos de una semana estarían los 10 000, y si hiciera falta uno de cada tres, no necesitarían más que recibir la noticia y el estímulo de que estamos haciendo un esfuerzo por un mundo mejor, y el estímulo de que estamos haciendo un esfuerzo por humanizar a aquellos que son inmensamente ricos y que se duelen con razón —lo digo sinceramente, se duelen con razón— cuando un perro se muere de hambre, para que sean capaces de dolerse también con infinita razón cuando sepan —si no lo saben todavía—, o tomen conciencia real de que millones y millones de seres humanos se mueren todos los años porque no tienen los medios necesarios para salvarse que tiene ese perro (Aplausos).

Nuestro país vive de valores. Ha resistido por valores, librando no solo batallas económicas, sino también en el terreno de la lucha contra el terrorismo, los atentados.

Ayer les contaba a los estudiantes de la Universidad de Río de Janeiro, que trabajando para la demanda que le hemos presentado a Estados Unidos, reuniendo documentos y más documentos, y pruebas y más pruebas, llegué a conocer una cifra que había ignorado durante 40 años: a cuánto ascendía el número de conspiraciones para eliminarme físicamente, directamente organizadas por la CIA, o fraguadas por grupos creados por la CIA y entrenados por la CIA, a los cuales les concedió "independencia", o inducidas por la CIA y la propaganda imperialista: Seiscientas treinta y siete conspiraciones. Les juro que cuando vi aquellas sumas y aquellas restas, me quedé asombrado. Ojalá entre los papeles que les van a enviar —ya les hemos incluido dos—, les enviemos el de esa demanda que ha presentado Cuba.

Sí, ustedes se comprometen a enviárselos, no a los 2 millones de estudiantes, porque el papel no nos alcanza; pero si necesitara una cantidad, por ejemplo, la OCLAE, en el idioma correspondiente, para hacerles llegar esos tres mismos folletos a todos los dirigentes estudiantiles de Brasil y de América Latina, estamos dispuestos a enviárselos, sobre algunos temas que no he mencionado aquí, que están en esos dos discursos que señalé, y están en esa demanda que por 181 000 millones de dólares hemos presentado ante los tribunales contra Estados Unidos, por 3 478 vidas que se perdieron y 2 099 incapacitados que aún viven, como consecuencia de sus agresiones mercenarias y sus actos terroristas. Les enviaríamos, si ustedes se comprometen, esos tres, para que les hagan llegar uno de cada uno de ellos a los que están aquí y que no lo van a recibir ahora, y a los que están en otras partes.

Ricardo, sueño con el día en que ustedes puedan organizar un congreso latinoamericano de dirigentes estudiantiles (Aplausos). Si no tienen espacio, cuenten con Cuba (Del público le dicen que el año que viene en La Habana), cuando quieran. Lo que tenemos es que llevar a cabo una lucha unida; tenemos que trabajar unidos por formar conciencia, por sembrar ideas.

Excúsenme de que los haya tenido tanto tiempo incómodamente sentados, o incómodamente de pie. Excúsenme si me he excedido un poco, sé que hay fútbol esta noche a las 8:30 p.m.

Creo que en las circunstancias en que nos hemos reunido es bastante lo que les he dicho.

Perdónenme. Les ruego me excusen y les doy las gracias.

¡Hasta pronto!

¡Hasta la victoria siempre!

(Ovación.)

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