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¡Vamos proa a Cuba!

Date: 

02/12/2016

Source: 

Juventud Rebelde

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«De viajes como éste no se regresa, o se regresa con la tiranía descabezada a los pies», decía el joven líder Fidel Castro, y en un pequeño yate de recreo anclado en el puerto mexicano de Tuxpan, el 25 de noviembre, 82 muchachos del Movimiento 26 de Julio se acomodaban para partir hacia costas cubanas. A 60 años de la histórica travesía, Juventud Rebelde se acerca otra vez a los siete soles que transcurrieron desde la salida hasta el desembarco en nuestras costas orientales el 2 de diciembre de 1956, cuando el yate Granma, con su puñado de soñadores rebeldes, entró en la historia de Cuba para ponerle rumbo hacia la Revolución. Descarque el Suplemento Especial de Juventud Rebelde en homenaje al desembarco del Yate Granma

Noche del 25 de noviembre de 1956
 
Fidel Castro: «Embarcamos primero los medicamentos, luego las armas y por último a los expedicionarios... consulté el reloj, pasada ya la medianoche todo estaba listo. Nuestra situación era muy difícil a la hora de salir: allá la policía mexicana tratando de capturarnos y el Ejército de Batista esperándonos aquí.
 
Faustino Pérez: «Partimos lentamente con un solo motor. A todos consumía una intensa y silenciosa emoción. Tardamos media hora en dejar el río y poco después, entramos en el Golfo de México».
 
Juan Almeida: «La fuerza del oleaje que movía el yate a su antojo, el calor y el olor a petróleo causaron estragos, mareo e inapetencia en la mayoría de los expedicionarios».
 
Ernesto Guevara, el Che: «...Salvo dos o tres marinos y cuatro o cinco personas más, el resto de los 82 tripulantes se marearon».
Día 26 de noviembre
 
Fidel Castro: «Al amanecer continuaba el oleaje, y pasó lo peor: a eso de las 11:00 o 12:00 de la mañana, el barco empezó a hacer agua. ¿Cuál fue la causa? Al montar tanto peso, el barco caló más, y el agua llegó a las tablas secas, un nivel superior del que tenía normalmente, y empezó a entrar».
 
Faustino Pérez: «A poco se destupieron los desagües y renació la tranquilidad momentáneamente. No cesaban, sin embargo, las preocupaciones: cada barco en el horizonte o cada avión en el cielo, volvía a inquietar el ánimo».
 
Juan Almeida: «... El mar es de un azul claro con verde esmeralda, todo visto en su inmensidad, desde esta cáscara de nuez... Los que se encargaron de la compra de los alimentos…, tal vez por desconocer el número de compañeros que los iban a consumir o por la premura en salir, poco pudieron hacer por la alimentación de nosotros para esta travesía».
 
Faustino Pérez: «Sobre el yate, el hambre y el sueño pesaban a cada instante. Sólo los expedicionarios se reanimaban cuando el piloto repetía: «¡Vamos proa a Cuba!...».
 
Juan Almeida: «En uno de los pasillos laterales de la cubierta, Fidel, solo, hace disparos para graduarles la mirilla telescópica a los fusiles que llevarán algunos de los expedicionarios... ¡Qué voluntad tiene este hombre!».
Día 27 de noviembre
 
Al tercer día de viaje el Granma estabilizó su velocidad y la tripulación trazó a 85 grados un nuevo rumbo paralelo a la costa norte de Yucatán hacia el Cabo de San Antonio.
 
Ese día desde México se enviaría un telegrama dirigido al señor Duque de Estrada con la clave: «Obra pedida agotada». El mensaje cifrado en aquella escueta frase tenía para Frank País otra lectura: la expedición estaba en camino.
Día 28 de noviembre
 
La ruta diseñada cubría una extensa vuelta por el sur de Cuba bordeando Jamaica e isla de Gran Caimán. El Granma avanzaba lentamente.
Día 29 de noviembre
 
Por la madrugada, a causa de la cercanía de dos naves sospechosas, se ordenó a los combatientes prepararse para el combate; no obstante, eran dos pesqueros que pasaron de largo.
Día 30 de noviembre
 
Juan Almeida: «Vamos con rumbo norte al faro de la isla de Gran Caimán, marchamos con buen tiempo».
 
Che Guevara: «Oímos por radio la noticia de los motines de Santiago de Cuba que había provocado nuestro gran Frank País, considerando sincronizarlos con el arribo de la expedición».
 
Raúl Castro: «...el 30 de noviembre los combatientes del 26 de Julio, vistiendo por vez primera el uniforme verde olivo, se alzaron en Santiago de Cuba... Pero el Granma, sobrecargado, navegó con menos velocidad que la calculada».
 
Fidel Castro: «Nuestros compañeros del Movimiento calcularon los cinco días que debía durar la travesía, y el resultado fue que cuando llegamos ya no existía el factor sorpresa, realmente las fuerzas enemigas estaban sobre aviso y nosotros lejos de las costas».
 
Juan Almeida: «Fidel nos reúne en el centro del yate y nos habla... Hace la designación de los tres capitanes, lee los nombres de los que conformarán las escuadras y pelotones, el armamento que llevarán y el orden de marcha de cada pelotón... Comienza el reparto de los uniformes, las cananas, y, por último, las botas».
Día 1ro. de diciembre
 
El Granma ponía la proa en línea recta hacia Cuba.
 
Día 2 de diciembre
 
Fidel Castro: «Ya el último día, en la madrugada, vivimos el momento dramático en que Roque cayó al mar… Cuando ya desistían de continuar buscándolo, di la orden de persistir aunque eso implicara el riesgo de llegar en pleno día a la costa».
 
Juan Almeida: «¡De aquí no nos vamos, hay que encontrarlo!, dice Fidel... Dicho así, es detener la empresa que nos lleva a Cuba, hasta encontrar al compañero. Pensamos en la grandeza de este jefe que es capaz de arriesgarlo todo por un combatiente».
 
Faustino Pérez: «¡Aquí... Aquí... Aquí...! Y un compañero, vista de águila y linterna en mano, logró localizarlo: ¡Estaba salvado Roque!».
 
Raúl Castro: «El 2 de diciembre los 82 expedicionarios del Granma bajo el mando del Jefe de la Revolución pisamos el suelo de la patria».
 
Fidel Castro: «¡Navegamos 1 500 millas! Pasamos hambre, sed. Como a última hora tuvimos que partir de manera apresurada, llevamos poco alimento y escasa agua —el viaje se prolongó dos días—, y llegamos con una pulgada de combustible en los tanques; en el barco habíamos puesto, además, muchos bidones de combustible para reserva, pero no fueron suficientes. El desembarco fue muy difícil».
 
Juan Almeida: «Caminamos entre el agua enfangada, sucia, fría, que en este amanecer parece que tiene hielo. Lo que sí no queda duda de que es Cuba: ¡Cuba de verdad!».
 
Cuando los relojes marcaban que faltaban solo diez minutos para las siete de la mañana del 2 de diciembre de 1956, entre el mangle de los Cayuelos avanzaban los expedicionarios.
 
Así, con el cansancio de los siete soles de travesía, pero la alegría de pisar tierra cubana y andar con el fusil al hombro para liberarla, llegaron los 82 jóvenes, semilla del futuro Ejército Rebelde y la vanguardia revolucionaria que 25 meses después le daría a Cuba la libertad soñada.