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Las principales tesis de Fidel Castro sobre la integración de América Latina y el Caribe

Дата: 

00/03/2008

Источник: 

Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI)

II. RESUMEN DE LOS ANTECEDENTES DEL PROCESO DE INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (FINALES DEL SIGLO XVIII HASTA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX).

Para comprender el proceso de integración de América Latina y el Caribe, debemos remontarnos a finales del siglo XVIII, donde existieron dos proyecciones fundamentales: la unión de territorios coloniales de España en un solo país, concebida por Francisco de Miranda, precursor de la independencia de Venezuela, y la idea de formar un Gran Sistema Interamericano bajo el control de Estados Unidos, enunciada por uno de sus Padres Fundadores, Alexander Hamilton.

Francisco de Miranda consideraba que la independencia y la unidad eran acciones paralelas y asociadas, percibiendo a la América Latina como un solo estado. En 1790 dejó expuesto su pensamiento constitucional al presentar un plan que agruparía a los pueblos de la América Española en una confederación regida por un sistema político y administrativo.

Alexander Hamilton en 1788 siguiendo las ideas expresadas dos años antes por otro de los padres fundadores de Estados Unidos, Thomas Jefferson, opinó: “Podemos esperar que dentro de poco tiempo nos convirtamos en los árbitros de Europa en América, pudiendo inclinar la balanza de las luchas europeas, en esta parte del mundo, de acuerdo con lo que dicten nuestros intereses (…) Dejad a los Trece Estados ligados por una firme e indisoluble unión, tomar parte en la creación de un Gran Sistema Americano, superior a todas las fuerzas  influencias trasatlánticas y capaz de dictar los términos de las relaciones que se establezcan entre el viejo y el nuevo mundo”.
Estas dos proyecciones caracterizarían también el proceso de integración en el hemisferio occidental durante el siglo XIX. Por una parte la defensa de los principios de soberanía, de no intervención, de integridad territorial e independencia frente a una Europa enemiga en aquel entonces, y la otra, la lucha por esos mismos principios internacionales, pero frente a Estados Unidos, después de su independencia de Gran Bretaña.

Dos ejemplos de este período que ilustran las pretensiones hegemónicas contra los verdaderos ideales de integración y unidad, lo constituyeron la implementación por los Estados Unidos de la “Doctrina Monroe” por el entonces presidente, James Monroe, en 1823 con su fórmula “América para los americanos”, que contemplaba a la región como su zona de influencia política y de su expansión económica y financiera; por otra parte la organización del Libertador Simón Bolívar -para contrarrestar las acciones norteamericanas- del Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826, que tendría dos razones fundamentales: la unificación de América Latina y el órgano de conciliación política y económica de las naciones latinoamericanas.

En 1890 se celebró en Washington la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, en la que el Presidente republicano Benjamin Harrison intentó imponerle a los gobiernos latinoamericanos una Unión Aduanera y un plan para el arbitraje obligatorio - tutelado por los Estados Unidos- de todas las disputas territoriales que se presentaran entre los Estados del continente.

A pesar del fracaso estadounidense en implementar ambas pretensiones, lograron crear la Unión Internacional de Estados Americanos (posteriormente denominada Unión Panamericana), cuya Secretaría Ejecutiva (bajo el nombre de Oficina Comercial de las Repúblicas Americanas), quedó ubicada en Washington. En 1891 se efectuó en Washington la Conferencia Monetaria Internacional Americana, en la que el gobierno de Estados Unidos intentó imponerles a sus homólogos latinoamericanos la adopción de la equivalencia del oro y la plata.  

Por esa época tuvo gran relevancia la figura del Apóstol de la independencia de Cuba, José Martí, quien denunció las pretensiones hegemónicas norteamericanas, denominó a los pueblos latinoamericanos y caribeños como Nuestra América, y escribió en 1891: “Quien dice unión económica dice unión política (…) lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos (…) ¿Puede Estados Unidos convidar a Hispanoamérica una unión sincera y útil para Hispanoamérica? ¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con Estados Unidos?”

Con la entrada del siglo XX el gobierno norteamericano definió su política exterior hacia América Latina y el Caribe, argumentando supuestos intereses comunes de Seguridad Hemisférica ante eventuales amenazas externas. En 1904 reafirmaron la teoría del “Destino Manifiesto con el “Colorario Roosevelt” y comenzaron aplicar la política del “gran garrote”, principalmente sobre las regiones de América Central y de la cuenca del Caribe, con el objetivo de estimular el desarrollo de las concepciones militar-estratégicas y geopolíticas que ratificaron el “derecho” de los norteamericanos a la supremacía sobre esta zona en calidad de premisa, para establecer el poderío sobre toda América Latina.
Posteriormente modificaron su política hacia la región implantando la “diplomacia del dólar” proclamada en 1912 por el presidente William Taft y gestada por los intereses de la burguesía monopolista estadounidense, con el fin de sustituir los proyectiles por los dólares a través de la creación de mercados en América Latina.
La aplicación de la política del “gran garrote“ y la “diplomacia del dólar” contribuyeron -en gran medida- a la formación de las ideas antiimperialistas en América Latina, lo que generó la primera doctrina reformista latinoamericana de Estados Unidos: la política del “buen vecino”. Esta política proclamada a principios de 1930 por el presidente Franklin Delano Roosevelt fue dictada por el precio de pequeñas concesiones a los países latinoamericanos, antes que todo, la obligación formal de velar por su soberanía nacional y paralizar los procesos negativos para el imperialismo que tuviesen lugar en el continente: el desarrollo de la lucha revolucionaria, nacional-liberadora y la actividad de los partidos comunistas en la mayoría de los estados.

En esa década surgió la primera etapa en el desarrollo de la integración, inspirada en el mercantilismo, cuando el mundo se encontraba dividido en esferas de dominación coloniales neocoloniales claramente definidas y rodeadas de barreras comerciales.

Precisamente por esos años -en 1926- nació Fidel Castro Ruz, quien ha tenido el mérito histórico durante los últimos 60 años, de luchar contra la hegemonía norteamericana e impulsar el interés de nuestros pueblos de lograr la unidad y la verdadera integración de América Latina y el Caribe.

III. LAS TESIS DE FIDEL CASTRO SOBRE LA INTEGRACIÓN DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE

A partir de su ingreso en la universidad en 1945, Fidel Castro fue adquiriendo una conciencia antiimperialista que le permitió emprender su lucha en defensa de los países latinoamericanos y caribeños. Precisamente en ese año se efectuó en México la Conferencia Interamericana sobre Problemas de la Guerra y la Paz, en la que mediante el Acta de Chapultepec y la llamada Carta Económica de las Américas, todos los gobiernos latinoamericanos y caribeños (con excepción del gobierno argentino que fue excluido), quedaron comprometidos a respaldar los esfuerzos estadounidenses dirigidos a terminar la guerra, así como a reorganizar el “orden” y la institucionalidad política y económica internacional y hemisférica que emergería de la Segunda Guerra Mundial.

En ese período, Fidel Castro se interesó por conocer la situación política de América Latina e integrarse a la lucha continental y en 1948 propuso la celebración de un Congreso Latinoamericano de Estudiantes que coincidiera con la Conferencia de la OEA en Bogotá, donde los gobiernos de la región se proponían adoptar una serie de acuerdos reaccionarios. Para ello Visitó Venezuela, Panamá y Colombia.

Al recordar esa época Fidel Castro señaló: “Y si le digo que en esa universidad me hice revolucionario, fue porque hice contacto con algunos libros. Pero antes de haber leído esos libros, estaba ya cuestionando la economía política capitalista (…) sentía cada vez más dudas, cuestionaba más el sistema, porque yo, además había vivido en un latifundio y recordaba cosas y soñaba con soluciones, como tantos utopistas han hecho en el mundo”.

Las experiencias alcanzadas durante ocho años de preparación y enfrentamiento al sistema capitalista de la época -de 1945 a 1953- le permitieron a Fidel Castro estructurar un plan revolucionario para combatir los males imperantes de aquella sociedad y ganar conciencia de la necesidad de lograr la unidad de las fuerzas progresistas y revolucionarias. A través del Programa del Moncada, conocido por su histórico alegato “La Historia me Absolverá”, denunció: “El problema de la tierra, el problema de la industrialización, el problema de la vivienda, el problema del desempleo, el problema de la educación y el problema de la salud del pueblo…”

Durante toda esta etapa y hasta el triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959, Fidel Castro estudió y analizó la evolución histórica del proceso de integración de América Latina y el Caribe, y en esos años de combate consolidó su visión sobre la necesaria integración y unidad por la que lucharon Bolívar y Martí en el continente americano.

En nuestro criterio Fidel Castro ha realizado un análisis histórico-lógico del proceso de integración de los pueblos latinoamericanos y caribeños, y ha articulado sus tesis -principalmente- a partir de los cuatro basamentos teóricos-prácticos siguientes:

III.1 La integración tiene un alcance multidimensional.


Fidel Castro cuestiona la aplicación de las teorías del liberalismo y neoliberalismo en los aíses de la región, al considerar que la integración está dirigida hacia los aspectos conómicos y comerciales, enmascarados en los supuestos beneficios del llamado libre omercio. Valora que la integración tiene un alcance multidimensional y no solo económico, a artir de que también interactúan dinámicamente en el proceso factores políticos, sociales,
culturales y de seguridad. Al respecto precisó que “hay que hablar de integración económica, ero hay que ir más lejos, hay que hablar de integración política, unidad económica, unidad olítica…”

Estas dimensiones son sustentadas hacia lo interno a partir de la crítica situación política, económica y social de los países latinoamericanos y caribeños, y hacia lo externo, en el nuevo orden económico internacional imperante. De ahí la importancia que le otorga en denunciar y evaluar con argumentos irrefutables esas problemáticas, destacándose entre ellas:

El abismo entre los ricos y los pobres crece cada vez más. Decenas de millones de niños sin hogar se encuentran abandonados en las calles de las grandes ciudades y un número igual o mayor son explotados inescrupulosamente en vez de estar en las escuelas.

Mueren cada año medio millón de menores de cinco años que pudieran salvarse. Los barrios marginales se multiplican incontenibles por todas partes y el número de personas por debajo de los índices de pobreza se acerca al 50 por ciento. El desempleo crece cada vez más como un terrible azote social.
Los presupuestos de educación, salud pública y otros programas sociales son recortados a instancias de organizaciones internacionales que imponen su filosofía económica. La corrupción se hace una práctica cotidiana en muchas partes.

Un voraz y gigantesco mercado externo de placeres y consumismo ha traído a la región el enorme problema de las drogas, con su secuela de violencia y destrucción. Todo se privatiza a cualquier precio y el Estado se desprende de riquezas que generaciones anteriores acumularon con grandes sacrificios, debilitándose, empobreciéndose y renunciando a todo papel activo en la economía.

Análisis recientes indican que por cada dólar que se emplea en el comercio mundial, más de cien se emplean en operaciones especulativas que nada tienen que ver con la economía real.

La globalización neoliberal ha estimulado la economía artificial de especulación financiera, hasta extremos insoportables para el propio sistema, especulando con acciones, bonos, monedas nacionales o cualquier elemento capaz de generar ganancias. Se destina una inmensa masa de dinero a buscar dinero y multiplicarse a sí mismo sin producir nada, sin construir una fábrica, sin relación alguna con el comercio real de bienes o servicios. Esa economía artificial ha convertido al mundo en un gigantesco casino donde se apuestan cada día 1,5 millones de millones de dólares, es decir, una cifra equivalente al valor total de más de 15 días del producto bruto de la economía mundial.

La deuda externa ha ido creciendo sin parar y ahora asciende aproximadamente a 800 mil millones de dólares. No podrá eliminarse el hambre en América Latina mientras los gobiernos tengan que seguir dedicando la cuarta parte de sus ingresos por exportaciones a pagar una deuda que ya han pagado casi dos veces y es ahora casi el doble de lo que era hace diez años.

Teniendo en cuenta la situación antes descrita, Fidel Castro considera que la única solución para enfrentar la crítica situación de la región es lograr la unidad y la integración política, económica, social, cultural y de seguridad de todos los países del hemisferio, aprovechando las riquezas naturales, el idioma y la cultura. Al respecto señaló: “Ayer fuimos enorme colonia; podemos ser mañana una gran comunidad de pueblos estrechamente unidos. La naturaleza nos dio riquezas insuperables, y la historia nos dio raíces, idioma, cultura y vínculos comunes como no tiene ninguna otra región de la Tierra”.

III.2 La hegemonía de los Estados Unidos y las transnacionales en el hemisferio occidental frena la unidad e integración regional.

La población autóctona y los pueblos de América Latina y el Caribe han sido víctimas, durante casi dos siglos, de la política expansionista de Estados Unidos hacia el Oeste y el Sur del territorio original de las Trece Colonias que se declararon independientes del dominio inglés en 1776.

Después de la Segunda Guerra Mundial y con la implementación del sistema financiero internacional, los Estados Unidos se convirtieron en la principal potencia económica mundial. Fidel Castro al analizar este hecho y su evolución expresó: “El gobierno de Estados Unidos recibió el 22 de julio de 1944 los privilegios otorgados en Bretton Woods a la potencia militar más poderosa, emitir el dólar como moneda internacional de cambio. La economía de ese aís estaba intacta después de la guerra, en 1945, y disponía de casi el 70 por ciento de las
reservas en oro del mundo. Nixon decidió unilateralmente, el 15 de agosto de 1971, suspender la garantía en oro por cada dólar emitido. Con eso financió la matanza de Vietnam en una guerra que costó más de 20 veces el valor real de las reservas en oro que le quedaban. Desde entonces la economía de Estados Unidos se sostiene a costa de los recursos naturales y los ahorros del resto del mundo”.

Valora también que el proceso de integración ha servido como un mecanismo para profundizar la dependencia y la dominación externa, a partir de que “el gobierno de Estados Unidos emplea recursos económicos inimaginables para defender un derecho que viola la soberanía de todos los demás países: continuar comprando con billetes de papel las materias primas, la energía, las industrias de tecnologías avanzadas, las tierras más productivas y los inmuebles más modernos de nuestro planeta”.

Otro de los aspectos que Fidel Castro denuncia es la fuga del dinero de los países pobres -fundamentalmente- hacia Estados Unidos para protegerse de la inestabilidad monetaria y la fiebre especulativa que el orden económico provoca, lo que contribuye a sostener los enormes déficit fiscal y comercial, que ascienden entre ambos en el año 2004 a no menos de un millón de millones de dólares.

Asimismo evalúa que el capital extranjero y las transnacionales se van apoderando de los centros de producción de bienes y servicios más estratégicos y que las bases fundamentales de subordinación y retraso de los países del continente americano se deben a los beneficios obtenidos durante las últimas cinco décadas por las grandes empresas transnacionales; el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones; la crisis de la deuda externa; la difusión de las políticas neoliberales, con una mayor transnacionalización de las economías latinoamericanas y caribeñas y con la proliferación de negociaciones para la conclusión de acuerdos de libre comercio de igual naturaleza que el ALCA, que provoca una desnacionalización de las economías de la región y a una subordinación absoluta a los dictados desde el exterior.

III.3 Luchar por la unidad y la integración de los pueblos latinoamericanos y caribeños para alcanzar su desarrollo.

Durante estos últimos 60 años, Fidel Castro ha demostrado que la única alternativa que tienen los países de América Latina y el Caribe de salir del subdesarrollo es a través de la unidad e integración política y económica.
Se puede apreciar a través de la siguiente cronología que Fidel Castro es consecuente con sus ideas y acciones a favor de la unidad latinoamericana y caribeña:

“(…) En este viaje que realizo estoy organizando un Congreso Latinoamericano de Estudiantes que deberá celebrarse aquí en Bogotá, contamos con la adhesión de casi todos los estudiantes de América”.

“Estos pueblos de América saben que su fuerza interna está en la unión y que su fuerza continental está también en la unión. Estos pueblos de América saben que si no quieren ser víctimas de nuevo de la tiranía, sino quieren ser víctimas de nuevo de las agresiones, hay que unirse cada vez más, hay que estrechar cada vez más los lazos de pueblo a pueblo, y a eso he venido a Venezuela: a traer un mensaje no de casta o de grupo, sino un mensaje de pueblo a pueblo”.

“Nosotros debemos plantearnos aquí muy sinceramente las posibilidades que tenemos de influir de una manera decisiva en la solución de nuestros problemas, precisamente, mediante el esfuerzo unido de todos los pueblos de este hemisferio, mediante la coincidencia de criterios, ya que coincidimos plenamente en necesidades y en aspiraciones, en los planteamientos de los pueblos de América Latina”.

“Marx y Engels lucharon por esa unión incansablemente, infatigablemente, durante toda su vida. Y eso es lo que decimos nosotros, nuestra dirección política, nuestro Partido y nuestro pueblo: “¡Proletarios de todos los países: uníos!”, uníos frente a los enemigos de clase, frente a los enemigos imperialistas, frente a los agresores, frente a los guerreristas”.

“Con ello se demuestra de nuevo, que nuestra verdadera unidad no depende de un no alineamiento circunstancial sino de una identidad más profunda y permanente: la originada en los principios revolucionarios, en el común programa antimperialista y en la aspiración a sustanciales y definitivas transformaciones sociales”.

“Otra idea esencial es la siguiente, la idea de la unidad que hemos venido planteando desde el primer momento: unidad dentro de los países y unidad entre los países; dentro de los países, allí, donde haya las mínimas condiciones de unidad, y hoy se dan, por suerte, en la mayoría de los países de América Latina, no en todos, eso lo he explicado muy cuidadosamente. Nadie concibe una unidad con la tiranía de Pinochet, o con la de Stroessner, y hay algunos otros casos, pero no son tan abundantes. Es la idea de la unidad dentro, porque se necesita fortaleza interna para librar esta lucha, y la unidad entre los países de América Latina, y entre todos los países del Tercer Mundo, porque se necesita fortaleza externa…”

“Frente a los grandes grupos que hoy dominan la economía mundial, ¿hay acaso lugar en el futuro para nuestros pueblos sin una América Latina integrada y unida? ¿Es que no seríamos capaces de ver que únicamente unidos podemos discutir con Estados Unidos, con Japón y con Europa? ¿Es que solo cada uno de nosotros puede enfrentar esa colosal tarea? Las grandes potencias económicas no tienen amigos, solo tienen intereses”.

“Pienso que aunque aquí se pueden discutir muchas cosas, lo esencial de esta reunión y lo que le daría su verdadero sentido histórico, es la decisión de aunar nuestros esfuerzos y nuestras voluntades hacia la integración y la unidad de América Latina, no solo económica sino también política”.

“Ya quisiera Europa, que pasó cinco siglos guerreando entre sí, tener las cosas en común que tenemos los latinoamericanos y los caribeños; sin embargo, trabaja por la integración, trabaja por la unidad, y sabe que no podría competir con Japón si no se integra, sabe que no podría competir con Estados Unidos si no se integra, sabe que no podría desempeñar ningún papel en el mundo si no se integra”.

“A la globalización neoliberal y egoísta, al antidemocrático orden político y económico internacional, debemos responder con la unidad y la globalización de la solidaridad, y la promoción del diálogo, la integración y la cooperación genuina”.

“En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna táctica o estrategia que desuna sería buena (…) El mundo está desesperadamente necesitado de una unidad, y si no conseguimos conciliar el mínimo de esa unidad, no llegaremos a ninguna parte”.

III.4 El ALBA como proyecto de integración.

A partir de los años 90 se inició en la región una nueva etapa en el desarrollo de los procesos de integración en sus diversos niveles: subregional, regional y hemisférico, provocado por el mantenimiento o reactivación de viejos esquemas de integración (ALADI, PARLATINO, SELA, CARICOM, MCCA, CAN); la conformación de nuevos esquemas integradores o de concertación política (MERCOSUR, 1991; SICA, 1991; AEC y Grupo de los Tres, 1994); la concertación de acuerdos bilaterales (TLCAN) y la promoción del ALCA en 1994, dirigido a la ampliación del espacio económico estadounidense en el hemisferio sobre la base de la anexión.

Ocho años más tarde en el 2002, el presidente venezolano Hugo Chávez propuso la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), para promover un proceso de integración de nuevo tipo alternativo o complementario a los esquemas existentes en la región.

Por su parte Fidel Castro, suscribió en el 2004 una declaración conjunta con su homólogo Hugo Chávez, donde expresaron “que si bien la integración es, para los países de la América Latina y el Caribe, una condición imprescindible para aspirar al desarrollo en medio de la creciente formación de grandes bloques regionales que ocupan posiciones predominantes en la economía mundial, sólo una integración basada en la cooperación, la solidaridad y la voluntad común de avanzar todos de consuno hacia niveles más altos de desarrollo, puede satisfacer las necesidades y anhelos de los países latinoamericanos y caribeños y, a la par, preservar su independencia, soberanía e identidad”.

“Coincidimos en que la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA)…traza los principios rectores de la verdadera integración latinoamericana y caribeña, basada en la justicia, y nos comprometemos a luchar conjuntamente para hacerla realidad”.

Se puede afirmar que el ALBA constituye una iniciativa política de importancia estratégica para la región que se inscribe y hace posible a partir de la nueva coyuntura que viven los pueblos latinoamericanos y caribeños como consecuencia de los procesos que se han producido en Venezuela, Bolivia y otros países. Esta iniciativa parte del viejo anhelo bolivariano y martiano de crear una gran patria americana.

IV. CONCLUSIONES

A pesar de las asimetrías entre los países del hemisferio, Fidel Castro a través de sus tesis sobre la integración de América Latina y el Caribe, demuestra que la unión política y económica entre sus naciones contribuirá a buscar su propio desarrollo. El escenario regional actual indica que los pueblos latinoamericanos y caribeños se encuentran en ese camino, a partir de varios factores, entre ellos el renacimiento de los ideales socialistas -basado en el ejemplo de resistencia y desarrollo de Cuba-, el fracaso indiscutible de las políticas neoliberales impuestas por Estados Unidos y las transnacionales, y la aparición de los nuevos procesos en Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador.
Por tales motivos resulta necesario incrementar las acciones para contrarrestar la estrategia norteamericana en la región, la unipoliaridad y el unilateralismo del imperialismo en el actual sistema de relaciones internacionales; así como impulsar el interés de nuestros pueblos en la urgencia de lograr la unidad y la verdadera integración en la "América Nuestra", un sueño de Bolívar y Martí.

Lograr estos objetivos es posible. Los países latinoamericanos y caribeños tenemos varias alternativas para garantizar una integración colectiva regional que preserve la independencia, soberanía e identidad de las naciones. El ALBA es una de esas alternativas políticas y económicas que recién comienza.

1- Véase BENÍTEZ, José A. Bolívar y Martí en la integración de América Latina. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente, 2002. p. 11.
2- SUÁREZ SALAZAR, Luis. Las bicentenarias agresiones de Estados Unidos contra América Latina y el Caribe: Fuente constante del Terrorismo de Estado en el hemisferio occidental. Tomado de http://www.terrorfileonline.org/es/index.php/Su%C3%A1rez_Salazar,_Luis._... s_agresiones_de_Estados_Unidos_contra_Am%C3%A9rica_Latina_y_el_Caribe:_Fuente_co nstante_del_Terrorismo_de_Estado_en_el_hemisferio_occidental
3- Véase BENÍTEZ, José A. Bolívar y Martí en la integración de América Latina. La Habana: Editorial Pablo de la Torriente, 2002. p. 77-79.
4- SUÁREZ SALAZAR, Luis. Las bicentenarias agresiones de Estados Unidos contra América Latina y el Caribe: Fuente constante del Terrorismo de Estado en el hemisferio occidental.
5- MARTÍ, José. Obras completas. La Habana, 1953. p. 262.
6- JACHATUROV, K. A. La expansión ideológica de Estados Unidos en América Latina. La Habana: Editora Política, 1982. p. 13.
7- CASALS DEL LLANO, Jorge. Notas tomadas en clase del curso Economía Internacional.
8- Véase BLANCO, Katiuska. Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro
Ruz. La Habana: Casa Editora Abril, 2003. p. 229-251
9- Ver RAMONET, Ignacio. Cien Horas con Fidel. Tercera Edición. La Habana: Oficina de
Publicaciones del Consejo de Estado, 2006. p.132.
10- CASTRO RUZ, Fidel. Selección de documentos entrevistas y artículos (1952-1956). La
Historia me Absolverá. La Habana: Editora Política, 2007. p.30-31.
11- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la clausura del evento internacional Economía'98. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 1998.
12- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo. Ciudad de Monterrey, México. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2002.
13- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la Reunión Especial de Jefes de Estado y de Gobierno del Cariforo, República Dominicana. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 1998.
14- Véase RAMONET, Ignacio. Cien Horas con Fidel. Tercera Edición. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2006. p.591-592.
15- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la Sesión Inaugural e la Tercera Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, San Salvador de Bahía, Brasil. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 1993. Tomado http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1993/esp/f150793e.html.
16- Véase CASTRO RUZ, Fidel. Discurso en la Tribuna Abierta con motivo del Día Internacional de los Trabajadores. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2001.
17- CASTRO RUZ, Fidel. Reflexiones “Los Superrevolucionarios”. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2007.
18- CASTRO RUZ, Fidel. Reflexiones “Mentiras deliberadas, muertes extrañas y agresión a la economía mundial”. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2007.
19- CASTRO RUZ, Fidel. Mensaje a la XI Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Comercio y el Desarrollo. La Habana: Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, 2004.
20- Véase Declaración Conjunta Fidel y Chávez. La Habana, 2004. Tomado http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2004/esp/d141204e.html.
21- Veáse en carta escrita por Fidel Castro a su padre el 3 de abril de 1948 en: Katiuska Blanco. Todo el tiempo de los cedros. Paisaje familiar de Fidel Castro Ruz. Casa Editora Abril, La Habana, 2003. p. 249
22- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la Plaza Aérea del Silencio, Caracas, Venezuela, 1959.
23- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado ante el Consejo Económico de los 21, Buenos Aires, Argentina, 1959.
24- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la clausura del Congreso de Mujeres de toda América, La Habana, 1963.
25- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la IV Conferencia de los Países No Alineados, Argel, Argelia, 1973.
26- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la Sesión de clausura del encuentro sobre la deuda externa de América Latina y el Caribe, La Habana, 1985.
27- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la Sesión inaugural de la primera Cumbre Iberoamericana, Guadalajara, México, 1991.
28- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la clausura del IV Encuentro del Foro de Sao Paulo, La Habana, 1993.
29- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en la segunda cumbre Cuba-CARICOM, Bridgetown, Barbados, 2005.
30- CASTRO RUZ, Fidel. Discurso pronunciado en el acto por el 60 aniversario de su ingreso a la universidad, La Habana, 2005.
31- Véase GONZÁLEZ PEÑA, Miguel J. Pensamiento neoliberal e integración en América Latina. Revista Semestral Política Internacional No. 8 Julio-Diciembre 2006. ISRI. p. 90.
32- Ver declaración Conjunta de los presidentes Fidel Castro y Hugo Chávez suscrita en La Habana el 14 de diciembre del 2004.
33- CASALS DEL LLANO, Jorge. La teoría Económica, el marxismo y la integración latinoamericana. Revista Semestral Política Internacional No. 8 Julio-Diciembre 2006. ISRI. p. 104.